En entrevista con AP News, el cineasta Nico Ballesteros compartió el proceso íntimo y obsesivo detrás de In Whose Name?, su documental sobre Ye —nombre actual del artista anteriormente conocido como Kanye West—. La película, que ha captado atención por su acceso sin precedentes y su mirada cruda, es el resultado de años de seguimiento, observación y convivencia con una de las figuras más complejas y polarizantes de la cultura contemporánea. Pero antes de estar en estudios, oficinas y escenarios junto a Ye, Nico era solo un niño con una cámara casera, fascinado por cómo su vida cotidiana se traducía en pantalla.
Desde entonces, lo que comenzó como una rutina doméstica —conectar los tres cables al televisor y ver su día reproducido sin edición— evolucionó hacia una vocación profunda: documentar la vida como arte, como identidad, como acceso. A los doce años, ya investigaba cómo llegar a escuelas como USC Film School, trazando su camino hacia una vida dedicada al cine.
Ballesteros relata cómo su encuentro con Ye durante un evento transmitido desde el Madison Square Garden se convirtió en una epifanía creativa. Desde entonces, se integró orgánicamente a las subculturas que Ye solía explorar y nutrir. Su inmersión fue tan profunda que, aún en la preparatoria, ya estaba en Los Ángeles conectando con artistas, diseñadores y productores. La cámara se volvió una extensión de su cuerpo, una herramienta de observación constante. Filmar a Ye —incluso durante momentos íntimos como una limpieza dental— se convirtió en una práctica diaria, casi ritual. La instrucción era clara: “sigue grabando, a menos que yo diga lo contrario”. Y él nunca lo dijo.
La relación entre cineasta y sujeto se construyó sobre una confianza tácita, una sinergia que no requería explicaciones. El resultado fue una acumulación de horas de metraje, de momentos vividos a través de la pantalla, donde la objetividad se mezclaba con la entrega física: jornadas de 15 a 18 horas, manos dormidas, siestas con gafas oscuras para no perder el plano. La cámara nunca se apagaba.
Cuando finalmente llegó el momento de mostrarle el montaje, casi dos años después, la reacción fue silenciosa, profunda. Ye lo describió como mirar su vida como si estuviera muerto. Para ambos, fue como hojear un álbum emocional, una memoria compartida. Nico, que había aprendido observando cómo Ye diseñaba discos, zapatillas y espacios arquitectónicos, sintió que ese momento cerraba un ciclo creativo.
La nota final, casi poética, se convierte en una reflexión sobre la autenticidad, el dolor, la traición y la aceptación. “Happiness is accepting everything won’t be perfect and the worst parts of this movie called life gonna be worth it.” El documental, titulado In Whose Name?, se plantea como una confrontación con la idolatría, con la cultura, con la política, y con la idea misma de América. Es un test de Rorschach, una conversación sobre el primer cuarto del siglo XXI, y una invitación a mirar —sin editar— la complejidad de la vida, el genio y el caos.

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