Miles de uruguayos tomaron las calles de Montevideo el miércoles para despedir al expresidente José Mujica, líder emblemático de la izquierda latinoamericana, reconocido por su humildad y estilo de vida austero.

El cortejo fúnebre recorrió el centro de la capital con el féretro de Mujica envuelto en la bandera nacional, transportado en un carruaje militar. La procesión culminó frente al Parlamento, donde ciudadanos depositaron mensajes, flores y retratos en honor al exmandatario.

Mujica falleció el martes a los 89 años, días antes de su cumpleaños 90, en su modesta casa de campo, la misma que nunca abandonó durante su presidencia (2010-2015) en rechazo a la mansión presidencial. Su velatorio se lleva a cabo en el Parlamento y el entierro, previsto para el jueves, reunirá a líderes progresistas como Luiz Inácio Lula da Silva y Gabriel Boric.

Durante su gestión, Mujica impulsó avances sociales históricos en Uruguay, incluyendo la legalización del matrimonio igualitario, el acceso al aborto y la regulación del mercado de la marihuana. Su legado trascendió diferencias políticas, ganando el respeto de aliados y opositores.

El actual presidente, Yamandú Orsi, decretó tres días de duelo nacional en honor a Mujica, cerrando la administración pública y ordenando el izado a media asta de las banderas. Su compañera de vida y de lucha, Lucía Topolansky, encabezó el inicio del homenaje junto a Orsi.

Antes de su mandato, Mujica fue miembro de los Tupamaros, un grupo guerrillero de los años 60, pero con el tiempo abrazó el diálogo y la conciliación política. Su evolución de insurgente a líder democrático lo convirtió en símbolo de transformación y compromiso.

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