La administración de Trump ha terminado la financiación de programas de emergencia del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, afectando a millones de personas en países como Afganistán, Siria y Yemen. El PMA, principal proveedor de ayuda alimentaria, calificó la medida como una «sentencia de muerte» para quienes enfrentan hambre extrema y pidió a EE.UU. reconsiderar los recortes.
Entre los programas afectados se encuentran contratos en Siria por $230 millones, incluyendo uno de $111 millones que proporcionaba alimentos diarios a 1.5 millones de personas. También se cancelaron ayudas en Yemen, Somalia, Afganistán y Zimbabue, dejando a poblaciones vulnerables sin acceso a alimentos, agua y atención médica.
La decisión amenaza la estabilidad global, según Cindy McCain, directora del PMA. Además, programas educativos para mujeres afganas y servicios en el campamento al-Hol fueron suspendidos, aumentando el riesgo de crisis humanitarias y conflictos.
EE.UU. había sido el mayor donante del PMA, aportando $4.5 mil millones en 2024. Los recortes han generado críticas de expertos y organizaciones humanitarias, quienes advierten sobre las graves consecuencias para las poblaciones más vulnerables.

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