Los periodistas en Haití enfrentan una violencia sin precedentes, con bandas criminales controlando el 85% de Puerto Príncipe y atacando directamente a los medios de comunicación. Reporteros han perdido sus hogares y trabajan con recursos mínimos, usando solo sus teléfonos para documentar la crisis. A pesar de las amenazas y la censura, continúan informando sobre el impacto del conflicto en la población, con múltiples casos de agresiones y asesinatos en los últimos años.
En marzo, grupos armados incendiaron y saquearon la antigua sede de Radio et Télévision Caraïbes, un medio histórico fundado en 1949. También fueron atacadas Mélodie FM y Télé Pluriel, lo que evidencia un cambio en la dinámica de violencia, pues antes las agresiones eran contra periodistas individuales y ahora están dirigidas a medios enteros. La inseguridad ha llevado a la desaparición de varias estaciones, y muchas han dejado de imprimir sus publicaciones para operar exclusivamente en línea.
Los periodistas son constantemente perseguidos. En diciembre, dos reporteros fueron asesinados mientras cubrían la reapertura de un hospital público sin autorización de los grupos armados. Otros han sido interceptados por pandilleros en protestas y retenidos bajo amenaza de muerte. La creciente hostilidad también se refleja en redes sociales, donde líderes de pandillas han amenazado con secuestros y ataques contra periodistas dentro y fuera de Haití.
La impunidad agrava la situación. Haití es el país con el mayor número de asesinatos de periodistas sin resolver, con al menos siete casos desde 2019, incluidos los de Garry Tesse y Gardy Saint-Louis, quien sobrevivió un atentado y tuvo que esconderse tras recibir amenazas constantes. A pesar del peligro, los periodistas siguen cubriendo la crisis y viajando juntos en motocicletas, en un esfuerzo por documentar el derrumbe del país mientras enfrentan riesgos mortales cada día.

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