El último informe «State of the Climate» de la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés) señala que la última década ha sido la más calurosa jamás registrada y que los niveles de dióxido de carbono atmosférico han alcanzado un máximo en 800,000 años. El año pasado, 2024, fue el más cálido de la historia y marcó la primera vez que la Tierra superó temporalmente el límite de 1.5 °C de calentamiento global, impulsado tanto por la actividad humana como por el fenómeno de El Niño.
El informe destaca que el calentamiento global está exacerbando eventos climáticos extremos, que han desplazado a un número récord de personas durante los últimos 16 años, han empeorado las crisis alimentarias y han generado enormes pérdidas económicas. En 2024, se documentaron al menos 151 eventos climáticos sin precedentes, una clara advertencia de los riesgos crecientes para la humanidad y el planeta.
El secretario general de la ONU, António Guterres, reafirmó que aún es posible limitar el calentamiento a 1.5 °C con acciones urgentes hacia las energías renovables. Sin embargo, el reporte coincide con retrocesos políticos en materia climática, como la reducción de compromisos ambientales por parte del gobierno del presidente Donald Trump, lo que podría desmotivar a otros países en la lucha contra el cambio climático.
Figuras como Vanessa Nakate, activista climática ugandesa, y Brenda Ekwurzel, científica estadounidense, enfatizan la necesidad inmediata de eliminar los combustibles fósiles para evitar impactos aún más severos. Según el informe, la ciencia es clara: el cambio climático es una crisis que requiere respuestas inmediatas para minimizar sus consecuencias catastróficas.

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