En Siria, los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y leales al expresidente Bashar Assad, junto con asesinatos por venganza, dejaron más de 1,000 muertos en dos días, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Los enfrentamientos comenzaron el jueves cerca de la ciudad costera de Jableh, marcando una escalada significativa tras la caída de Assad hace tres meses. El viernes, ataques de represalia por parte de milicianos sunitas leales al gobierno contra miembros de la minoría alauita de Assad intensificaron la violencia.
Entre los fallecidos se cuentan 745 civiles, 125 miembros de las fuerzas de seguridad y 148 militantes afiliados a Assad. En Latakia, se cortaron el agua potable y la electricidad en amplias zonas. En Baniyas, una de las localidades más afectadas, los residentes describieron cuerpos en las calles y ataques a hogares alauitas. Ali Sheha, un residente de 57 años, relató cómo los atacantes verificaban la religión de las víctimas antes de asesinarlas.
El sábado, la violencia disminuyó, y el gobierno sirio afirmó haber recuperado el control de gran parte de las áreas afectadas. En Tuwaym, se enterraron en una fosa común los cuerpos de 31 personas asesinadas el día anterior, incluidos niños y mujeres. Francia condenó los crímenes y pidió investigaciones independientes. La información proviene del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, residentes locales y autoridades gubernamentales.

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