SpaceX realizó un nuevo lanzamiento de prueba de su cohete Starship, pero nuevamente terminó en una explosión. El cohete, de 123 metros de altura, despegó desde Texas y alcanzó una altitud de casi 150 kilómetros antes de que los motores de la nave superior comenzaran a fallar, lo que provocó que entrara en un giro fuera de control y se desintegrara. Restos del cohete fueron vistos cayendo sobre Florida, aunque no se confirmó si el sistema de autodestrucción se activó.
El vuelo tenía como objetivo durar una hora y desplegar cuatro satélites simulados, pero la misión se interrumpió antes de completar estas tareas. SpaceX confirmó que la nave experimentó una «desmontaje rápido no programado» durante el encendido de los motores de ascenso. A pesar de los esfuerzos por mejorar el diseño del cohete tras un accidente similar en enero, los problemas persisten.
Elon Musk planea utilizar Starship para misiones a Marte y la NASA lo ha reservado para llevar astronautas a la Luna en el futuro. Sin embargo, los desafíos técnicos continúan siendo un obstáculo significativo para el desarrollo de este ambicioso proyecto.

Deja un comentario