La goma arábiga, una sustancia natural extraída de los árboles de acacia, es un ingrediente clave en productos como Coca-Cola y M&M’s. Esta sustancia, ampliamente utilizada en la fabricación de productos de consumo masivo, destaca por sus propiedades para mezclar, estabilizar y espesar ingredientes. Se encuentra en artículos como labiales de L’Oreal y alimentos para mascotas de Nestlé, lo que la convierte en un componente esencial para múltiples industrias.

Actualmente, la goma arábiga está siendo traficada desde zonas de conflicto en Sudán, complicando las cadenas de suministro de empresas occidentales. Sudán produce el 80% de la goma arábiga mundial y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar en guerra con el ejército nacional de Sudán desde 2023, controlan las principales regiones de recolección. Los comerciantes deben pagar cuotas a las RSF para comercializar el producto, que es contrabandeado a países vecinos sin certificación adecuada. Mercados fronterizos en Chad, Senegal y Sudán del Sur han visto un aumento en las ventas de goma arábiga a precios bajos, a menudo sin pruebas de origen ético.

Las RSF son fundamentales en esta historia, además de controlar las áreas de producción de goma, facilitan el tráfico del producto a través de rutas informales hacia países como Sudán del Sur, Chad y Kenia. Este grupo cobra a los comerciantes por protección y ha expandido sus intereses hacia otros sectores económicos, como oro, ganado y banca, lo que refuerza su influencia en Sudán. Su control sobre la goma arábiga y la falta de regulación han complicado las cadenas de suministro globales, introduciendo productos no certificados en los mercados internacionales.

Fuentes de la industria advierten que la goma traficada podría infiltrarse en las cadenas de suministro globales. Empresas como Nexira e Ingredion han diversificado sus fuentes para mitigar el impacto del conflicto, mientras que otras como Coca-Cola y Nestlé no lo han hecho.

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